¿Sweet Potato? ¿Lemongrass? ¿Galicia?

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Después de cuatro meses en Madrid, decidimos venir a Galicia “por el verano”. Era, en nuestras cabezas, algo transitorio. Queríamos huir del verano Madrileño y jugar un poco con la finca de mi abuela. Esta finca es muy especial, ya que mi bisabuela era la que sembraba y plantaba de todo (¡Y vivió casi cien años!). Yo recuerdo ir con ella y sentarnos en una banqueta pequeña debajo de un árbol, me daba una manzana y así pasábamos muchas tardes. Para mí, todo estaba bien, hasta que escuchaba un ruido “raro”. Allí, el amor por el campo se moría y me quería ir a mi jungla de concreto más rápido que de inmediato.

Lemon Grass Sprouts - 2018Para mi sorpresa, mi marido es todo un agricultor. Todo empezó por una idea de plantar algunas cosas que nos gusta tener en casa y que además, le puedo dar uso en mi negocio. Una de ellas: Lemongrass. Muchos la conocen en España como citronella, pero no son lo mismo.

No conseguíamos lemongrass en Madrid, pasamos un par de semanas buscando por varios barrios, hasta que conseguimos un supermercado Asiático y compramos fresco y congelado (Y muchas cosas más, ya que los mercados de ese tipo son mis favoritos :p ). El día antes de partir fuimos a nuestro frutero/verdurero y le pedimos un par de boniatos (batata, sweet potato) por que queríamos ver si se daban en Galicia. Él nos dijo que probablemente no, pero igual nos trajimos el par y el resultado fué fantástico.

Patrick comenzó el experimento en casa; con un poco de agua en recipientes de cerámica o vidrio y los boniatos cortados en trozos grandes (el lemongrass pasó por el mismo proceso). Después de una semana, los pasó para la tierra y cubrió el área con un plástico para evitar malas hierbas. En realidad, lo estoy describiendo bastante mal… ¡No queda duda que el que trabajó fue él y no yo!.

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La diferencia entre estos dos alimentos es que uno puede apreciar visualmente el crecimiento del lemongrass. Puedes ir a la huerta y ver como de un par de ramas empiezan a crecer muchas más. El boniato es como la patata. Está enterrado en la tierra y si no tenemos paciencia podemos dañar la cosecha. Por suerte, él la tiene y después de unos cuatro meses pudimos disfrutar de boniato en múltiples formas (¡Hasta para hacer brownies veganos!).

 

Galicia, no tiene el clima más hostil del mundo, como muchos lo hacen ver. Creo que o tiene una reputación muy mala o el cambio climático nos ha dado poca lluvia y muchos días hermosos frente a la Ría de Noia. Donde estamos no cae nieve (o es algo muy raro), la tierra no se congela y es posible plantar árboles de guayaba, aguacate, maracuya (¡parchita!) y un sin fin de alimentos que no nos limitan a una dieta de grelos y patatas.

Lo que todo empezó como un juego se convirtió en algo muy productivo para la unidad familiar. Patrick sembró tomates, pimientos, albahaca, menta, kale, eneldo y en este momento tenemos más de 20 alimentos en la tierra.

 

Aunque, mi mente citadina es muy limitada para este tipo de actividades, hago un esfuerzo por llevar a mi hija al campo. Espero que ella no crezca con el mismo miedo a “ruidos” y que no le de asco ver un caracol en un repollo o una araña peluda en un racimo de uvas.

En nuestro primer año en Noia, la tierra nos dió calabazas y acelgas, sin haberlas sembrado. Salieron salvajes. Aún cuando este pedazo de tierra no se ha trabajado en unos 15 años, la naturaleza logra crear alimentos con los nutrientes que tiene en el suelo. Si algo debe hacer el hombre es cuidar donde siembra, debe proporcionar los nutrientes necesarios, tener una rotación anual de lo que siembra (de esto se trata la siembra ecológica) para así suplir el suelo con vida y no agotar su riqueza.

Si tienes la posibilidad de ser parte de una cooperativa en tu ciudad, de comprar tus alimentos a gente que trabaja con sus manos o si puedes dedicar un pedazo pequeño de tu casa para sembrar algo, así sea perejil, créeme que vas a cambiar la forma en que ves lo que comes. Plantar (y sembrar) nos enseña a tener paciencia, a escuchar donde no hay sonido, usar nuestro instinto y tomar una posición de observador frente a lo que está creando la naturaleza. Por ahora, seguiré disfrutando de todo lo que Patrick ha logrado con sus manos. Si, algo logramos con este año sabático, fué sacarlo de catorce horas de trabajo diarias y conseguir un hobby que sirve de vehículo para meditar mientras se mueve entre plantas, fuentes, tierra y atardeceres.

 

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  1. Minerva Di Giacomo says:

    Que belleza !! me encanto

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